Asignación de despachos

Dos becarios entran, ninguno sale (o te quedas sin silla)

Hace unos días mi Departamento decidió crear una comisión de asignación de despachos.

Se va a montar una buena.

En mi Universidad, el Departamento de Física Aplicada extiende sus tentáculos por todas las plantas de la sección de Físicas. Aunque nuestro homeland está radicado en la primera planta, también tenemos despachos en las plantas superiores, por no hablar de los laboratorios docentes y de investigación; y de las instalaciones en otros edificios, mejor ni os cuento.

Necesitamos hasta el último centímetro cuadrado. No hacemos más que crecer. En otros tiempos limitábamos nuestro tamaño por el expeditivo método de coger un par de catedráticos y dejar que se llevasen a sus acólitos para montar su propio departamento, como una abeja reina que se marcha de la colmena. Ahora ya no lo hacemos (básicamente porque no hay más sitio para emigrar), pero seguimos teniendo problemas de espacio.

Cuando yo entré, mi primer “despacho” fue un tablero de dibujo en la esquina de uno de los laboratorios. Más tarde pasé al despacho compartido de mi jefe, donde pasé varios años. Finalmente, cuando me convertí en profesor titular, hicieron unos bonitos despachos con vistas a los paseíllos universitarios y en uno de ellos me colé. Incluso pude escoger por veteranía (mi vecina protestó porque decía que llevaba más tiempo de interina, pero lo que cuenta es el tiempo en el cargo titular así que me llevé yo el gato al agua). Poco después incluso me instalaron aire acondicionado, un lujo necesario en verano.

Estaba incluso mejor que los despachos de los catedráticos, que están ubicados todos en el llamado “pasillo de los califas”. Son despachos grandes y con hermosas vistas al jardín, pero al final han tenido que compartirlos, así que mi despachito de tamaño mediano se me ha quedado genial.

Mi situación contrasta con la de los recién llegados. Becarios y profesores no permanentes se apiñan en un par de despachos comunes interiores y sin ventanas, una situación nada agradable. Han intentado recolocarlos en otros despachos pero la situación ha llegado al límite, y si yo no tengo “bicho” para compartir despacho es sólo porque no tendríamos sitio para movernos. Aun así, no me fío.

Bien, resulta que algunos de los profesores de mayor edad se jubilan. Es ley de vida. Ahora se marchan tres de ellos, así que podéis imaginar la que se va a montar. De momento no hay disturbios por los pasillos, pero todo el mundo sabe que los despachos que quedan vacíos serán reasignados. La cuestión es cómo.

Y es una buena cuestión. Hasta ahora no teníamos normas al respecto, si acaso la de respetar el “espacio vital” asignado por grupos de investigación. Pero ahora tenemos superpoblación de personal, así que alguien ha dicho que necesitamos ir planificando las cosas. Por eso estamos montando una comisión.

Si no me equivoco y si la historia se repite, predigo que la comisión se convocará y reunirá en forma pacífica y de buen rollo. Al principio. Luego comenzarán a preparar borradores de normas de actuación, reglas de asignación de despachos basadas en veteranía, o en número de becarios por grupo, o vete tú a saber. Llevarán las normas a un consejo de Departamento, las discutiremos como si se tratase de establecer una constitución mundial, las aprobaremos, habrá gente muy enfadada por el resultado; y cuando llegue el momento de aplicarlas resultarán inadecuadas. Habrá propuestas de modificación, más discusiones, más guerra civil, y luego vuelta a empezar.

Lo cierto es que, lo hagamos como lo hagamos, faltará espacio. Ya se está hablando de dar la vara al decano (perdón, decana, que además es de mi departamento) para que construyan un edificio anexo. Personalmente no me gusta la idea porque acabarán cargándose parte de la zona ajardinada, o bien me la plantarán en mis narices y perderé mis bonitas vistas. Pero vamos, que incluso en el mejor de los casos el proceso durará más que un traje de pana, de modo que a resignarnos con lo que tenemos lo mejor que sepamos.

La reasignación de despachos comenzará, nadie sabe cómo terminará. Se avecinan tiempos interesantes.

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