El anumerismo y la hipoteca

Otro verano, otro libro

Hola, alumnos y amigos.

Durante este verano me he dedicado a una de mis actividades favoritas: escribir libros. El último, llamado “Ensayo y error” me ha gustado especialmente porque le tenía ganas. Se trata de una especie de manual sobre el método científico, que considero la base de la ciencia.

Hace tiempo me di cuenta de que mis alumnos, al llegar a clase, no saben lo que es el método científico, por qué se usa o cuáles son sus normas. No es que sean tontos, es que nadie se lo ha enseñado. Como consecuencia, al final acaban sin saber qué valor tiene el trabajo de laboratorio, cómo realizar trabajos de investigación o cuál es la diferencia entre cita y plago (ejem, ejem, ejem, ejem). Para ayudarles en su tarea he escrito este libro, disponible en Amazon para ebook y papel aquí.

La semana pasada os adelanté una parte del libro en mi blog de Naukas (aquí). Ahora os regalo otro poquito. Espero que lo disfrutéis. AQ

EL ANUMERISMO Y LA LOTERÍA

Un anumerista entra en una agencia de viajes para contratar un crucero a todo lujo. La agencia le permite pagar en cómodas cuotas mensuales con dos opciones: cien euros mensuales durante dos años, o cuarenta y cinco durante cinco años. Nuestro amigo escoge la segunda opción, convencido de que así su bolsillo lo notará menos. ¿Correcto? ¡Error! Aunque el pago mensual es inferior, estará pagando durante más tiempo. La opción primera (100 euros al mes) le supondrá pagar un total de 2.400 euros; con la opción escogida (45 euros al mes) el total ascenderá a 2.700 euros.

Hay pocos lugares donde una persona puede verse más perjudicada por el anumerismo que en la oficina de un banco. Los banqueros son expertos en números, saben cómo y cuándo prestar dinero para salir ganando un poco más. Un ejemplo: vamos a pedir un crédito de 100.000 euros al 2% anual. El banco nos ofrece dos opciones: pagarlo todo a final de año, o pagar una parte a los seis meses y otra parte a los doce meses. Quizá pensemos que pagar en dos partes es mejor porque así no se acumula todo a final de año. El banco sabe que usted va a pensar eso, le anima al pago fraccionado, y todos contentos; sobre todo el banco, que ganará más dinero.

¿Cómo es eso? Con la opción fraccionada, el primer semestre usted le deberá al banco los 100.000 euros iniciales mas los intereses, que son 1.000 euros (el 2% aplicado durante medio año). Deuda total: 101.000 euros. Al final del segundo semestre usted volverá a pagar el 2% anual durante medio año, o lo que es igual, el 1% sobre lo que debe; pero como ya debe capital e intereses, tendrá que pagar el 1% de 101.000 euros, que son 1.010 euros. Al final de año habrá pagado un total de 2.010 euros de intereses, contra 2.000 de la opción de pago único anual. La diferencia proviene de que, con el pago fraccionado, usted tiene que pagar intereses del capital e intereses de los intereses.

El Estado, en su afán por proteger a los consumidores, ha impuesto a los bancos la obligación de informar de estos tejemanejes a los clientes, y utilizan para ello la llamada Tasa Anual Equivalente (TAE), que es el interés que hubiera tenido que pagar usted si se tratase de un único pago anual. En nuestro caso el interés nominal es del 10% y la TAE es del 10,1% anual para el pago en dos plazos. De ese modo intentan evitar que los bancos jueguen con la periodicidad del crédito para cobrarnos más o pagarnos menos. En este caso, bien por el Estado.

Pero cuando nosotros vamos los bancos están de vuelta, y se han inventado mil trucos en letra pequeña para echar mano de los centimillos que hay encima de la mesa. Algunos, como las cláusulas suelo o el redondeo al alza del tipo de interés, han sido declarados prácticas abusivas por los tribunales, pero mientras estuvieron en vigor representaron grandes ventajas a los bancos.

Otras tácticas son más sutiles. En varias ocasiones vi productos bancarios que ofrecían un beneficio basado en la cotización de una empresa. Si las acciones empresa cotizan hoy a C, dentro de un año nos darán 1,05 veces C, un beneficio sobre el papel del 5%, ¿El truco? Que en algunas ocasiones C no es la cotización de la empresa en el momento de suscribir el producto, sino el menor de 20 valores diarios. De ese modo el valor de C es más bajo y el 1,05*C que usted recibirá también será menor. Es el tipo de cláusula que está escrita claramente en el contrato (con letra minúscula, pero en teoría legible), así que si el cliente no ha estado atento y se la ha pasado, peor para él.

¿Qué tal un banco que se invente sus propias las matemáticas? Tengo un ejemplo del 2004. Un producto que voy a llamar aquí Cajachotis Enormeouse (el nombre es ficticio, el producto real) prometía el 70% del incremento porcentual anual de un fondo de inversión llamado VJ Global Enormeouse 50. Impresionante. Ahora vamos a la letra pequeña, y vemos que ese incremento porcentual es medio, no es a vencimiento. Eso quiere decir que, si el fondo gana un 60% el inversor gana un 30%, justo la mitad.

Siguiente paso: jugar con los conceptos. Si algo vale I al inicio y F al final, el incremento absoluto será F-I y el incremento relativo será (F-I)/I. Lógico, ¿no? Pues el producto calculaba una “valoración porcentual” como el cociente (F-I)/F. La diferencia es que F, el valor final, está en el denominador en lugar de I. Como el fondo tiende a subir F será mayor que I, por lo que la “valoración porcentual” (F-I)/F será inferior a la que se utiliza habitualmente (F-I)/I. Al final, entre el malabarismo matemático y las comisiones, el cliente se podía dar con un canto en los dientes si no acababa perdiendo dinero.

Podríamos seguir y no parar con el tema pero no quiero que acabe usted aburriéndose. Simplemente le diré lo que todos deberíamos haber oído de nuestros padres, a saber: niño, lee siempre la letra pequeña, pregunta si es que no entiendes algo, y jamás firmes algo sin haberlo leído.

No puedo dejar el tema financiero sin hacer una advertencia seria, muy seria. Tras años de crisis hay muchas personas con problemas económicos, los bancos les cierran las puertas y no saben qué hacer. Animados por el olor a sangre, muchos tiburones aparecen para aprovecharse del naufragio, y puesto que una persona desesperada se agarra a un clavo ardiendo, la receta para el desastre está servida. Ojalá que usted, lector, no se encuentre en una situación difícil, pero si alguien que conozca lo está adviértale de estos dos grandes peligros que acechan en el mar negro del anumerismo.

El primero es el de los créditos fáciles. Hay empresas online que se anuncian en televisión y ofrecen créditos sencillos a pagar en cómodas cuotas. Habitualmente los importes que prestan son pequeños, entre 500 y 5.000 euros, y se ofrecen como dinero rápido para una emergencia, una necesidad, tapar un agujero o para que te des un capricho. El cliente escoge la cantidad y el plazo de devolución, con una promesa de rapidez y seguridad. El modo de obtención parece sencillo, y en apariencia es la alternativa perfecta para solicitar unos billetes rápidos.

Confundido con la pequeña cuantía de los plazos, el cliente cree que la empresa le está cobrando cantidades razonables y no suele ser consciente del interés que se le está realmente aplicando. Tengo aquí ofertas de dos de las empresas más conocidas del ramo. Una de ellas, llamémosla X, me ofrece un crédito de 1.000 euros a razón de 50 euros/mes durante un total de 25 meses, lo que representa una tasa anual equivalente (TAE) del 24,51% Esta tasa duplica con creces lo que se suele considerar niveles de usura, y de hecho ya ha habido sentencias en las que se han anulado préstamos de este tipo ¿pero cree usted que una persona que está justa de dinero y necesita un crédito rápido podrá permitirse gastos de abogado?

Más sangrante es el caso de Y, donde es más difícil obtener información salvo que uno sea ya cliente. Veo que me ofrecen un primer préstamo de cien euros gratuitamente, lo que es muy amable por su parte; pero si quiero pedir otros 100€ tendré que abonarlos en un mes junto con otros 30€ de intereses ¡un interés del 30% al mes! La TAE es de unos increíbles 2.230%. Eso sin hablar del 1,1% diario (repito: diario) de penalización por impago.

¿Quién en su sano juicio está dispuesto a pagar unos tipos de interés de esa índole? Solamente se me ocurren dos grupos de personas: personas desesperadas y anumeristas. Si su caso es el primero, creo que le conviene cualquier cosa antes de pedir un crédito rápido; si es el caso que usted no está ducho en matemáticas, líbrese del crédito y busque a alguien que sepa de números.

Pero incluso el peligro financiero de los establecimientos de crédito fácil palidece ante el kraken de los sistemas de refinanciación de deudas. El fundamento es legal y fácil de entender: una empresa toma todas sus deudas, las paga y las convierte en un solo préstamo. Ya no le deberá usted nada a la empresa de cobros, a la entidad de la tarjeta de crédito ni a la financiera del coche, y en su lugar ha suscrito un crédito con la refinanciadora por un importe igual a todos los préstamos cancelados, además de las comisiones y beneficios correspondientes, claro.

Los esquemas de refinanciación son, en el fondo, un crédito de alto riesgo, y las entidades que lo conceden imponen duras condiciones. Ahí esta el problema. Algunas empresas de refinanciación exigen altas tasas de interés, así como penalizaciones por descubierto que rozan la usura. Es posible que una refinanciación sea una opción viable para algunas personas, pero es imprescindible leer la letra pequeña hasta el último dígito decimal antes de embarcarse en la aventura.

Peor aún son los créditos de refinanciación con garantía hipotecaria. En ese caso el tipo de interés puede ser más bajo, y al alargar el plazo la cuota mensual se hace más llevadera, lo que a corto plazo constituye un alivio para la cartera; pero el prestatario ha puesto su piso como garantía. Eso abre la puerta a la posibilidad de perder el piso por culpa de una pequeña deuda.

Una estrategia particularmente malvada llevada a cabo por algunos prestamistas sin escrúpulos pasa por dejar de cobrar los recibos. El deudor, habitualmente con serios problemas económicos, no sabe cuál es el motivo pero agradece el respiro. Los meses pasan y los recibos brillan por su ausencia. Puede que se haya obrado el milagro, piensa, lo mismo se han olvidado de mí o un virus me ha borrado de su base de datos. Al cabo de un par de años el prestamista vuelve y exige el pago de todos los recibos pasados, con el añadido de intereses de descubierto, gastos de abogado, responsabilidad mercantil… en un santiamén, el crédito se ha hecho muy superior a la cantidad inicial. Próxima parada, el desahucio.

Son casos extremos pero se dan con demasiada frecuencia, y los perjudicados son los más débiles. No deje que le pase a usted ni a nadie de los suyos. Por favor.

[El resto del libro “Ensayo y Error” está disponible aquí]

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